jueves, 25 de junio de 2009

La sana costrumbre de mirar hacia el cielo

Justo estaba yo apunto de salir de aquel edificio. El sonido de los automóviles hacia evidente que la tercera hora pico del día había comenzado. Había sido una jornada larga, pesada. La espalda ya reclamaba las más de 5 horas seguidas sin poder relajarse, ni siquiera por un minuto. No sabía si lo primero que haría cuando llegara a casa sería ducharme, comer algo o definitiva y directamente meterme en la cama y no saber más de nada ni de nadie. No hasta que pasaran por lo menos ocho horas.

Justo estaba yo apunto de salir de aquel edificio. Lo último que recordaba de allá afuera era que el Sol estaba insoportable -tal vez por que es Mayo- fue lo primero que pensé. Lo segundo, fue que gracias al aire acondicionado de aquel lugar me sentía bien, a pesar de la cantidad de focos iluminando cada rincón del edificio.

Las cosas pasan -pienso ahora-. Justo antes de salir de aquel edificio, apenas levante mi vista un poco, leí el letrero y claramente decía: ATENCIÓN, AL SALIR MIRE HACIA ARRIBA.

Jamás había visto algo similar. CUIDADO, PISO MOJADO, ESCALERAS, NO PASE, pero ¿ATENCIÓN, AL SALIR MIRE HACIA ARRIBA? -¿qué clase de aviso es ese?- Pensé.

Fui más lento -como es lógico-, mirando hacia arriba, con cuidado, como me habían advertido. Entrecerraba los ojos como lo haría cualquiera que espera recibir una cubeta, unas gotas de pintura o al personal de limpieza subido a 10 metros.

Justo había salido. Miré hacia arriba y me pregunte, qué demonios era eso. Estaba convencido de que pasara lo que pasara, tenia que saber lo que era. Lo que más me extrañó fue que llegando a casa seguían los tres allí, -es más- todo el camino estuvieron allí. Olvidé por completo que tenía hambre o que un buen baño me relajaría. En lugar de eso, entre, encendí mi computadora y ya en el buscador escribí: dos luces junto a la Luna.

-¿Cómo?- pensé al ver las noticias.

Esa noche, recuerdo, sentí por primera vez en muchísimo tiempo, que algo me sorprendía. Recordé mi infancia cuando trepaba por los arboles para estar horas allá arriba y ver cosas que desde abajo no sabía que existían. Recordé la primera vez que abrí el libro con fotografías aéreas de todo el mundo que papa había comprado hace poco. Recordé la primera vez que yo mismo comprobé lo pequeñas que son las cosas desde un avión cruzando el país. Recordé la vez, ya en la facultad, que visitamos la fábrica donde ensamblaban computadoras, ¡era increíble! Y ahora, ni la difícil economía, ni los problemas personales, ni los virus, nada me había sorprendido tanto como saber que aquellas dos luces muy brillantes junto a la Luna eran dos planetas.

-¡Dos planetas!- pensé.

Esa noche me quede hasta tarde leyendo acerca de los planetas en Internet. Aprendí muchas cosas, todas sorprendentes, increíbles. Después de más de dos horas me rendí. Ya en la cama, cuando ya casi dormía recordé el letrero del edificio y me pregunté qué habría querido decir realmente.

Al día siguiente, también por la noche, volví a mirar hacia arriba, la luna ya no estaba junto a los planetas, seguía cerca -¡pero no donde estaba ayer!- pensé. En ese momento entendí lo que el letrero quería decir: ATENCIÓN, AL SALIR MIRE HACIA ARRIBA ... Y DESCUBRA EL UNIVERSO, DISFRUTELO.

Suscríbete a Divulgando Astronomía para
¡recibir por email!

2 comentarios:

  1. Tambien pueden ocurrir otras cosas cuando uno se para a contemplar la Luna junto a dos planetas jeje. Muy buen texto!

    ResponderSuprimir
  2. Disfrute muchísimo este artículo, gracias por compartir lo que te gusta.
    N.V.

    ResponderSuprimir