Les propongo asistir a uno de los espectáculos más grandes jamás creados. Les aseguro que quedarán fascinados y una vez que lo presencien no podrán dejar de verlo. Los cautivará y no se arrepentirán, puedo apostarlo. Es gratis y lo único que tienen que hacer es mirar hacia arriba en una noche despejada. Les presento El Espectáculo Más Grande: Nuestro Universo.
Este espectáculo es increíblemente sorprendente y lo tenemos disponible todos los días o mejor dicho todas las noches. Por si fuera poco, es gratis. No necesitamos reservar en ningún lugar, de hecho, les puedo garantizar que tendrán "asientos de primera" sin importar en qué lugar del mundo vivan. ¿Suena atractivo? Pues adelante, el universo es suyo, ¡disfrútenlo!
Probablemente los seres humanos comenzaron a observar el cielo desde hace más de un millón de años, cuando el homo erectus comenzaba a erguirse hacia las alturas en busca de respuestas. Para nuestros antepasados, el tener ante si esas cosas brillantes parecidas a un fuego visto desde lejos sin duda provocó admiración, curiosidad y lo más importante que la humanidad posee: el interés por investigar su entorno y los "porqué" de lo que sucede ahí.
Si usted sale en una noche oscura lejos de las luces de la ciudad se podrá dar cuenta de la impresionante cantidad de estrellas que se observan a simple vista. El asombro para los antiguos habitantes de este planeta debió ser mayor al observar el cielo nocturno y muchas culturas decidieron, además de temer a la noche y sus faros, plasmarlo o grabarlo para las futuras generaciones. Así, se tienen indicios de que la cultura Babilónica ya gravaba piedras en las que representaba las estrellas del cielo, hace unos 6000 años.
Posteriores civilizaciones como los Egipcios, Fenicios, Chinos, entre otros, también dejaron testimonio de observaciones astronómicas. Con el paso de los siglos, el papel de la contemplación de los astros dio un paso hacia adelante: se clasificaron esos objetos brillantes, se les asocio en grupos y se les dio nombre. Aunque mitológico en sus inicios, ya no era solo admirar, sino también clasificar, encontrar patrones, estudiar. Pronto, las posiciones de las estrellas y otros objetos celestes con movimientos raros, se volvieron tan importantes que literalmente la sobrevivencia de los pueblos dependía del grado de conocimiento que del cielo se tuviera. La agricultura, que es la base de las sociedades, se desarrollaría exitosamente gracias al conocimiento de cuándo tal o cual grupo de estrellas salía o se ocultaba por el horizonte.
Este fue quizá, uno de los más importantes avances en la historia del hombre: la observación, clasificación y estudio del cielo. De hecho, una vez que se tuvieron los datos (gravados o pinturas) suficientes, fue posible hacer predicciones certeras del clima, lo cual daba la oportunidad de ubicar las mejores épocas para sembrar y cosechar alimentos, salir a la mar en busca de peces o inclusive las mejores fechas para atacar otra civilización y conquistarla.
Posteriormente el estudio de los astros fue más lejos. La mente curiosa del ser humano lo llevó a tratar de entender todas estas cosas que veía en el cielo: planetas, estrellas, cometas, etc. Es difícil entender porqué casi todas las culturas comenzaron a asociar los objetos celestes con deidades y leyendas -tal vez porque estos eran inalcanzables, lejanos-. Lo que si es sabido es que muchas de las civilizaciones antiguas abrigaban la idea de que las estrellas tenían un significado metafísico. Para ellos, representaban poderes sobrehumanos y dioses; pensaban que las estrellas podrían tener alguna influencia sobre sus vidas y los eventos que ocurrían dentro de sus culturas. Fenómenos como eclipses, pasos de cometas y estrellas nuevas asomándose en el cielo nocturno debieron ser verdaderos motivos de alarma y terror entre las sociedades antiguas.
Sin embargo, de entre todas las civilizaciones, los griegos comenzaron a pensar de una manera distinta. Se preguntaron sobre la naturaleza de los astros, y propusieron explicaciones que no incluían espíritus o dioses, o por lo menos, no dejaron en estos toda la responsabilidad. Esa fue una de las semillas de la ciencia moderna. Desde entonces hemos recorrido un gran camino.
Hoy en día el universo es estudiado a todo lo largo del espectro electromagnético: ondas de radio, luz infrarroja, luz visible, luz ultravioleta, rayos X y rayos gama. Los ojos de los seres humanos están adaptados de manera que solo podemos detectar una porción pequeña de este espectro. Sin embargo, el desarrollo de la tecnología nos han permitido alcanzar incluso el espacio exterior y en el, posicionar satélites dotados con telescopios que nos permiten "ver" lo que nuestro ojos no ven.
Sea cual sea el origen de la observación del cielo, sea cual sea el alcance que nuestros actuales telescopios tienen, el universo nos muestra todos los días las maravillas que ha creado: estrellas rojas, azules, blancas, pequeñas, enormes, dobles, triples, múltiples, cúmulos de ellas, nebulosas, galaxias, planetas, lunas y a nosotros mismos. Hemos alcanzado un nivel científico sin precedente en la historia del hombre y como especie somos capaces de pensar en habitar otros mundos mucho más allá del nuestro.
Sin embargo, seguimos conservando una parte primitiva, algo que nos negamos a dejar: la facilidad por asociar a cosas inmateriales lo que no conocemos. A pesar de todo este avance tecnológico, seguimos pensando que un planeta a cientos de millones de kilómetros puede tener influencia en si hoy será un buen día o no. Seguimos creyendo que un grupo de estrellas separadas entre si por billones de kilómetros influirá en nuestro comportamiento el resto de nuestra vida. Seguimos creyendo que hay seres venidos de otros mundos dispuestos a salvarnos de un "Armagendón venidero", etc. Es sin duda un retroceso para la especie humana creer en estas cosas.
Nuestro Universo nos ofrece maravillas increíbles, paisajes inimaginables y es nuestro, esta allí afuera. Algo que engloba todas estas cosas no podría ser sino el espectáculo más grande que jamás haya existido; entenderlo y estudiarlo científicamente nos da la oportunidad de disfrutarlo más: sin miedos, ni temores, ni ideas falsas. El universo es nuestro, ¡disfrutémoslo!
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