Por Vicente Hernández HernándezLa astronomía es una ciencia en constante evolución. Todos los días -literalmente- amanecemos con nuevas noticias, teorías y observaciones que nos dicen un poco más del Universo en que vivimos. Claro que como en toda ciencia, las nuevas teorías deben ser puestas a prueba por las mejores observaciones; y las observaciones respaldadas por grupos de investigación en todo el planeta. Si algo anda mal con la teoría o la observación simplemente se desecha la hipótesis y se comienza de nuevo. No basta con aventar ideas al aire. El escrutinio minucioso de las propuestas es el pan de cada día para la ciencia y por supuesto para la astronomía.
Sin embargo, con todo y que cada vez tenemos más y mejores instrumentos (computacionales y de observación), muchas preguntas permanecen sin respuesta y el área de la formación estelar no es la excepción.
A pesar de verlas todas las noches, de ser miles, millones, aún desconocemos muchas cosas de las estrellas. Por ejemplo, cómo, cúando y dónde se forman. Astronómicamente hablando estas son de las preguntas más difíciles de contestar.
La dificultad radica básicamente en dos cosas: primero, las estrellas nacen muy en el fondo de grandes nubes de gas y polvo, haciendo imposible que con telescopios ópticos veamos dónde y cuándo nacen. Y segundo, la vida de las estrellas es tan grande, comparada con los tiempos humanos, que es prácticamente imposible que de la noche a la mañana digamos: ¡Ah una estrella más!.
Para solucionar el primer problema utilizamos telescopios y radiotelescopios que nos permiten ver a través de las regiones oscurecidas por las nubes de hidrógeno y los granos de polvo. -Literalmente- es como observar con cámaras infrarojas una fogata en medio de un campo de niebla: a simple vista, con nuestros ojos, es imposible ver las flamas, sin embargo, con un instrumento adecuado es posible localizar dónde y qué tan intensas son.
Los lugares en donde actualmente están naciendo estrellas pueden ser observados en luz infraroja, ondas de radio (cortas y largas), luz ultravioleta y rayos X. De manera que aunque nuestros ojos sean incapaces de penetrar hasta "los cuneros estelares", la tecnología que tenemos nos permite hacer eso y más.
Un ejemplo de estos cuneros es Casiopea W5. Esta región de formación estelar a 6,500 años luz de distancia alberga decenas de estrellas ya formadas -pero muy jóvenes- y miles más todavía en etapa de formación. Las estrellas más evolucionadas serían apenas unos "niños" y las más jóvenes "bebes en el vientre materno" -hablando en términos humanos. La imagen de arriba fue tomada con el Telescopio Espacial Spitzer.
Conforme las estrellas van creciendo se despojan del material que las formó y quedan expuestas, libres para ser observadas por millones o miles de millones de años.
Las astronomía tiene sus limitaciones. Con todo y ello, hemos sido capaces de plantear algunas buenas teorías acerca del origen de las estrellas. Independientemente de eso, ver una imagen con la de Casiopea W5, sin duda es impresionante: ¡miles y miles de estrellas naciendo en este momento!
Esto es la ciencia. Impresionante ¿no?
Sin embargo, con todo y que cada vez tenemos más y mejores instrumentos (computacionales y de observación), muchas preguntas permanecen sin respuesta y el área de la formación estelar no es la excepción.
A pesar de verlas todas las noches, de ser miles, millones, aún desconocemos muchas cosas de las estrellas. Por ejemplo, cómo, cúando y dónde se forman. Astronómicamente hablando estas son de las preguntas más difíciles de contestar.
La dificultad radica básicamente en dos cosas: primero, las estrellas nacen muy en el fondo de grandes nubes de gas y polvo, haciendo imposible que con telescopios ópticos veamos dónde y cuándo nacen. Y segundo, la vida de las estrellas es tan grande, comparada con los tiempos humanos, que es prácticamente imposible que de la noche a la mañana digamos: ¡Ah una estrella más!.
Para solucionar el primer problema utilizamos telescopios y radiotelescopios que nos permiten ver a través de las regiones oscurecidas por las nubes de hidrógeno y los granos de polvo. -Literalmente- es como observar con cámaras infrarojas una fogata en medio de un campo de niebla: a simple vista, con nuestros ojos, es imposible ver las flamas, sin embargo, con un instrumento adecuado es posible localizar dónde y qué tan intensas son.
Los lugares en donde actualmente están naciendo estrellas pueden ser observados en luz infraroja, ondas de radio (cortas y largas), luz ultravioleta y rayos X. De manera que aunque nuestros ojos sean incapaces de penetrar hasta "los cuneros estelares", la tecnología que tenemos nos permite hacer eso y más.
Un ejemplo de estos cuneros es Casiopea W5. Esta región de formación estelar a 6,500 años luz de distancia alberga decenas de estrellas ya formadas -pero muy jóvenes- y miles más todavía en etapa de formación. Las estrellas más evolucionadas serían apenas unos "niños" y las más jóvenes "bebes en el vientre materno" -hablando en términos humanos. La imagen de arriba fue tomada con el Telescopio Espacial Spitzer.
Conforme las estrellas van creciendo se despojan del material que las formó y quedan expuestas, libres para ser observadas por millones o miles de millones de años.
Las astronomía tiene sus limitaciones. Con todo y ello, hemos sido capaces de plantear algunas buenas teorías acerca del origen de las estrellas. Independientemente de eso, ver una imagen con la de Casiopea W5, sin duda es impresionante: ¡miles y miles de estrellas naciendo en este momento!
Esto es la ciencia. Impresionante ¿no?
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